Conocer a Dios – Qué significa según la biblia

Conocer a Dios implica tener una relación íntima con él, escudriñar su palabra y cumplir su voluntad. Cuando nos acercamos a él, nuestra vida pasa del plano carnal al plano espiritual y comenzamos a caminar por el camino estrecho, dejando a un lado nuestros propios deseos y poniendo en primer lugar a Nuestro amado Señor.

Índice de Contenido
  1. Conocer a Dios – Qué significa según la biblia
  2. Cómo conocer a Dios - Ejemplos bíblicos
  3. Cuál es la clave para conocer verdaderamente a Dios

Conocer a Dios – Qué significa según la biblia

Conocer a Dios y tener la certeza del propósito que tiene para cada uno de sus hijos, y para ello es necesario tener una relación con el Señor y poder comprender sus designios. Ciertamente las cosas de Dios son un misterio porque nuestra mente finita y natural nunca podrá comprender absolutamente al Señor.

Quizás en nuestra vida tengamos que atravesar por diferentes situaciones que no podemos comprender en su totalidad. Pero cuando se tiene una relación estrecha con Dios, podemos confiar plenamente en su perfecta voluntad y reconocer nuestra debilidad ante su majestad.

Conocer a Dios implica confiar en él, dejarnos guiar por el a pesar de nuestras limitaciones humanas, es amarlo incondicionalmente sabiendo que él también nos ama y que nada de lo que nos da es merecido.

La gracia del Señor nos permite obtener la salvación, pero es nuestra fe la que nos permite conocerlo, y mediante su palabra, él nos habla y nos señala el camino que debemos seguir y lo que debemos hacer en nuestra vida.

Conocer a Dios no es verlo personalmente, porque más significativo es el hecho de conocer a alguien que no ves pero que se manifiesta con Poder en tu vida y lo sientes mediante el Espíritu Santo.

El hombre generalmente busca ver para poder creer, pero la biblia nos señala que tiene aún más valor aquella persona que cree en lo que no ve, porque en eso consiste nuestra fe, tal como lo establece la palabra:

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11: 1-3)

En este sentido, conocer a Dios tiene que ver con mi fe porque a través de ésta me acerco a mi Padre, lo busco, lo siento, le pido, le hablo, le confieso mis pecados, y esto me permite conocerlo cada día más y conocer de esta manera su Gloria y Poder.

Cómo conocer a Dios - Ejemplos bíblicos

En la biblia podemos encontrar muchos ejemplos bíblicos en los cuales Dios se manifiesta con Poder y Gloria ante los hombres, tal como se le manifestó a Abraham, a Jacob, a Moisés, entre otros. Estos grandes hombres tuvieron el privilegio de ver cara a cara a Dios, y hasta Jacob peleó con Dios para obtener su bendición y alcanzar el perdón de su hermano Esaú, quien lo perseguía para matarlo.

Conocer a Dios
Conocer a Dios

En este sentido, estas historias dan a conocer la magnificencia de Dios y nos revelan la misericordia pero también nos muestra la ira de Jehová frente a la desobediencia, idolatría y maldad.

En el Nuevo Testamento tenemos el mejor testimonio de lo que significa conocer a Dios, ya que cuando Jesucristo vino a esta tierra, mucha gente tuvo el privilegio de verlo cara a cara, tocarlo, hablarle, ver la manifestación de su poder mediante milagros, prodigios, liberaciones.

Jesucristo se dio a conocer como el hijo de Dios, como el Mesías que vino a salvar a la humanidad a través de su sacrificio perfecto en la Cruz del Calvario. Qué mejor manera de conocer a Dios, que conocerlo mediante su único Hijo Jesús.

Nadie viene al Padre sino es a través de su hijo, quien es el único mediador, intercesor entre Dios y los hombres. Cuando aceptamos y recibimos a Cristo, estamos conociendo al Padre y su Santo Espíritu nos guía toda verdad.

En este sentido, encontramos además el ejemplo del apóstol Pedro quien conoció a Dios mediante Nuestro Señor Jesucristo, quien lo discipuló durante su Ministerio aquí en la tierra.

Pedro tuvo que ser moldeado y convertido porque ya no sería pescador de peces sino que sería un pescador de hombres. Jesús lo llamó a pastorear porque él conocía su corazón, su entrega, pero también conocía sus debilidades. Al respecto la palabra nos señala lo siguiente:

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”  (Juan 21: 15-19)

Al analizar este pasaje, puede llamar la atención el hecho de que Jesús le preguntara tres veces si lo amaba, haciendo alusión a las tres veces que lo negó. Se podría afirmar que Jesús quería que Pedro dijera con sus labios que sí lo amaba y asimismo lo confirmara, porque el Ministerio que le tocaba llevar a cabo no sería fácil, ya que evidentemente sería perseguido y atacado por sus enemigos.

Muchos pueden llegar a criticar a Pedro por su personalidad imprudente, porque negó a Jesús tres veces y por sus dudas cuando caminó sobre las aguas. Pero Jesús ve lo que nosotros no podemos ver y por eso, lo escogió para llevar a cabo la obra del reino aquí en la tierra, para pastorear y hacer llegar el mensaje de salvación a toda criatura.

Cuál es la clave para conocer verdaderamente a Dios

Jesucristo es la clave para conocer a Dios, ya que mediante su hijo es que podemos tener entrada al Reino de los cielos. Cuando Jesús vino a esta tierra, se manifestó el Nuevo Pacto entre Dios y la humanidad.

Así que cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón, comenzamos a conocer a Dios mediante su Santo Espíritu que comienza a morar en nosotros. Nadie viene al Padre sino es a través de Cristo.

En la actualidad, debemos tener mucho cuidado con las distracciones propias del mundo, ya que constantemente estamos siendo asechados y tentados por los placeres carnales.  Todo esto tiene el propósito de alejarnos de Dios y de evitar que podamos conocer a Dios.

El mundo promete una vida llena de cosas banales que en nada nos beneficia en el aspecto espiritual. Pero nada de los que nos ofrecen pueden llenarnos como el hecho de conocer verdaderamente a Dios:

“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:1-3)

Entonces mediante Cristo conocemos al Padre y obtendremos la vida eterna, ya que Dios le ha dado potestad a su Hijo Jesús sobre toda carne, sobre todo pecado. Por lo cual alcanzamos misericordia y perdón cuando lo conocemos.

En este sentido para comprender las claves para conocer a Dios debemos primeramente reconocer la debilidad del hombre que es incapaz de acercarse a Dios por su pecado. Al respecto la biblia nos manifiesta que somos pecadores por naturaleza:

“No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:11-18)

En este mismo orden de ideas, es importante resaltar que para conocer a Dios, debemos recibir a Cristo en nuestro corazón, apartarnos del pecado, confesarlo y comenzar una nueva vida en santidad: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12).

Tenemos el privilegio de ser llamados hijos de Dios y él nos ha dado la autoridad para manifestar el Poder y Gloria de Nuestro Señor, y nos ha señalado en la palabra que él es nuestro único camino: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6).

De este modo el único camino que podemos seguir confiadamente es el camino de Cristo que nos conduce a su luz admirable. Jesús vino a este mundo a darnos vida y vida en abundancia. Vino a ofrecerse a Él mismo como un sacrificio, para que nuestros pecados no nos privaran de conocer verdaderamente a Dios.

Cuando recibimos y aceptamos esta verdad, es cuando podemos avanzar en el propósito que Dios ha puesto en nuestra vida, porque para poder llevar a cabo la voluntad de Dios debemos conocerle en espíritu y en verdad.

Por otro lado, uno de los aspectos que debemos considerar a la hora de conocer a Dios, es entender que las Sagradas Escrituras, muestra la revelación de lo que somos en Cristo, nos manifiesta las promesas que tenemos como hijos del Altísimo.

En este sentido cuando decidimos conocer a Dios, debemos conocer las doctrinas fundamentales para poder tener como fundamento por excelencia a Cristo, y no dejarnos engañar por falsas doctrinas que tergiversan la palabra de Dios.

Al respecto el apóstol Pablo le escribe a Timoteo lo siguiente: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (1 Timoteo 3:14-16).

En este orden de ideas, el hecho de conocer a Dios encierra un compromiso sincero de obedecer la palabra de Dios para así poder hacer su voluntad. De esta manera, como hijos de Dios, fuimos llamados a hacer buenas obras, a manifestar su gloria en nuestra vida para revelarle al mundo entero quién es nuestro Dios Todopoderoso.

Como hijos de Dios, tenemos una gran responsabilidad, no podemos tomar las cosas espirituales a la ligera, ni pensar que podemos controlar todo por nuestros propios medios porque somos débiles y pecadores.

Pero cuando decidimos conocer a Dios, estamos decidiendo llevar a cabo la obra de Dios es este mundo tan hostil y lleno de adversidades. Cuando conocemos a Dios, sabemos cuál es nuestra identidad y nos reconocemos como verdaderos hijos de Dios capaces de enfrentar al enemigo con poder, porque el Señor nos ha otorgado esa autoridad.

Al respecto la biblia nos describe de la siguiente manera: “Mas vosotros sois el linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que mostréis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

Finalmente se puede afirmar que para conocer a Dios, debemos entregarnos a Cristo y él mediante su Santo espíritu nos conducirá a toda verdad y nos moldeará a su imagen y semejanza, nos vestirá con vestidos de lino fino y nos purificará con su fuente de agua viva.

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