Nuestra Relación Con Dios Nos Capacita Para Capacitar A Otros

Cuando sientes que no tienes el poder de ayudar a otra persona, es fácil sentirse inútil. Pero, ¿y si ese sentimiento se debe a un malentendido de quién es Dios? Si crees que Dios ama a todo el mundo, incluso a ti, no debería sorprenderte que también quiera que hagamos cosas buenas por los demás.

Cuanto más nos sintamos capacitados por nuestra relación con Dios y su amor por nosotros, más capacitados estaremos para capacitar a los demás. Así que cuando sientas que hacer algo bueno por otra persona no es suficiente o no es lo suficientemente poderoso - recuerda: ¡Eres amado por Dios!

Nuestra Relación Con Dios Nos Capacita Para Capacitar A Otros

Índice de Contenido
  1. ¿Cómo vamos a capacitar a las personas?
  2. ¿Podemos empoderarnos?
  3. ¿Cómo podemos empoderarnos?
  4. ¿Qué características debemos emular para empoderar a los demás?
  5. ¿Cómo es nuestra relación con Dios?
  6. Nuestra relación con Dios nos permite tener una relación sana con los demás.
  7. Conclusión

¿Cómo vamos a capacitar a las personas?

Para formar a las personas, primero hay que entender cómo formarlas. El problema de la mayoría de los programas de formación es que son demasiado condescendientes e insultantes. Por ejemplo, no puedo decir cuántas veces me ha dicho un entrenador que mi cerebro es del tamaño de un guisante o que soy estúpido por no saber algo. También he visto a entrenadores utilizar la "programación" como excusa para un comportamiento condescendiente: "He tenido que programarte para que te duela menos".

Es importante recordar que tu audiencia está formada por seres humanos que son más que capaces de entender conceptos complejos si se presentan correctamente. De hecho, muchos grandes pensadores afirmarían que los seres humanos están intrínsecamente programados (o "cableados") de tal manera que son capaces de comprender conceptos difíciles cuando se les dan los recursos y el estímulo adecuados.

¿Podemos empoderarnos?

Sí, podemos empoderarnos. Podemos empoderarnos teniendo una relación sana con Dios. Podemos empoderarnos siendo conscientes de nosotros mismos. Podemos empoderarnos centrándonos en nuestras fortalezas y no en nuestras debilidades. Por último, podemos empoderarnos teniendo una actitud positiva y pensando en las cosas de manera positiva.

¿Cómo podemos empoderarnos?

En primer lugar, es importante que seamos conscientes de nosotros mismos. Si no sabes cómo piensas o sientes, ¿cómo vas a empezar a empoderarte? Cuanto más nos comprendamos a nosotros mismos, mejor preparados estaremos para el cambio y el crecimiento. El conocimiento de uno mismo también desempeña un papel importante a la hora de establecer límites saludables con otras personas.

Otro componente clave es la confianza en uno mismo, no la arrogancia o la chulería, sino la sensación de conocer nuestra propia valía como seres humanos y tener fe en nuestra capacidad para tener éxito en cualquier reto que nos plantee la vida. Este tipo de confianza viene de dentro: a través del trabajo duro y la dedicación; a través de la fijación de objetivos; a través del aprendizaje de los fracasos en el camino; a través de la fe en Dios (o en cualquier poder superior).

Tener este tipo de confianza significa actuar en consecuencia todos los días haciendo pequeñas cosas como levantarse temprano o pedirle a alguien que salga con nosotros aunque nos digan que no la primera vez. La cuestión es: No esperes a que todo esté en su sitio para actuar en lo que más importa. Todos podemos dar pequeños pasos hacia una vida empoderada hoy mismo.

¿Qué características debemos emular para empoderar a los demás?

Aunque las características anteriores son importantes, hay otros rasgos que te ayudarán a potenciar a los demás. Por ejemplo:

  • Empatía: Ser capaz de sentir con otra persona, ponerse en su lugar y experimentar lo que siente.
  • Compasión: Sentir tanto empatía por el sufrimiento de otra persona como preocupación por su bienestar.
  • Generosidad: Dar tiempo, bienes materiales o dinero sin esperar nada a cambio ni esperar elogios o reconocimiento de los demás. Eres generoso porque te gusta compartir lo que te ha dado Dios con quienes te rodean y lo necesitan más que tú (Mateo 25:34-40).
  • Amor: El deseo de estar estrechamente conectado emocionalmente con otra persona a un nivel íntimo en el que cada uno entiende lo mucho que significa para el otro (1 Corintios 13-14).
  • Bondad: El acto de ser considerado con otra persona mostrando paciencia mientras se enfrentan a los desafíos, pero también ayudándoles si es necesario (Romanos 12-13).

¿Cómo es nuestra relación con Dios?

Es importante estar conectado con Dios, porque no podemos empoderar a los demás si antes no nos empoderamos a nosotros mismos. ¿Pero cómo lo hacemos?

Hay muchas maneras, pero una de las mejores es construir una relación con Dios. Cuando tienes una fuerte conexión con Él, te dará el poder y la fuerza para tener éxito en todo lo que hagas. Cuando mi equipo y yo empezamos a trabajar con familias de bajos ingresos en el lado este de Indianápolis, nuestro objetivo era claro: cambiar las vidas para mejor a través de la educación sobre la educación financiera y el espíritu empresarial.

Sabíamos que si estas familias recibían herramientas que les ayudaran a conseguir la independencia financiera, sus vidas no sólo cambiarían para ellos, sino también para las generaciones siguientes. Sabíamos que nos costaría mucho trabajo a todos los implicados, pero lo más importante es que creíamos tanto en nuestra misión que incluso cuando las cosas se ponían difíciles o eran desalentadoras (y lo eran), seguíamos empujando juntos hasta que finalmente veíamos que los resultados salían a flote cada vez.

Nuestra relación con Dios nos permite tener una relación sana con los demás.

Seguro que te sientes identificado con la idea de una "relación sana". Quizá tengas una o dos relaciones en tu vida que son muy importantes para ti, y que te hacen sentir la mejor versión de ti mismo. Podría ser tu cónyuge, podría ser tu mejor amigo o tu hermano: alguien que te hace sentir amado y aceptado.

En este contexto, defino una relación sana como aquella en la que ambas partes se interesan por igual por la felicidad y el bienestar del otro. Escuchan cuando el otro más lo necesita; son dignos de confianza; asumen la responsabilidad de sus acciones; piden perdón cuando es apropiado (pero no demasiado a menudo).

Este tipo de relaciones nos permiten seguir creciendo hasta convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos, ya que nos proporcionan una vía de escape para nuestras emociones, permitiéndonos decir cosas que quizá no queramos que los demás escuchen o diciéndonos lo que necesitamos oír sin miedo a ser juzgados o a las represalias (aunque no estemos de acuerdo).

Las relaciones sanas proporcionan un espacio en el que la vulnerabilidad es bienvenida en lugar de temida: esto nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos con el tiempo, lo que nos lleva a una mayor autenticidad dentro de nosotros y con los demás.

La fuente de todos estos beneficios proviene de tener una relación sana con Dios: en primer lugar, porque Él nos creó a su imagen en la tierra, por lo que también podemos crear relaciones sanas aquí.

En segundo lugar, porque Él dio a cada persona dones y habilidades únicas que los hacen perfectamente adecuados para cualquier papel que desempeñen dentro de su comunidad del Reino - ya sea estar casado, soltero, trabajando a tiempo completo trabajos a tiempo parcial, etc.) . Él quiere que todos vivan bajo Su gobierno hoy... y mañana... ¡y para siempre!

Conclusión

Estamos en un viaje de descubrimiento y aprendizaje. Cuanto más conozcamos a Dios y su amor, más podremos mostrar a los demás lo que significa tener poder. Nuestra relación con Dios nos capacita para capacitar a otros en sus propias vidas.

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