Formación Espiritual. Predicación

La Biblia está llena de historias sobre personas que cometieron errores y cambiaron sus vidas. Estas historias muestran que Dios quiere que cambiemos. Quiere que seamos como Jesús, que murió en la cruz porque quería que viviéramos. En esta serie, exploraremos siete áreas clave en las que podemos crecer espiritualmente y parecernos más a Cristo.

Formación Espiritual. Predicación

Índice de Contenido
  1. Superar el estrés y la preocupación
  2. Superar el miedo
  3. Superar la adicción
  4. Superar la amargura y el resentimiento
  5. Superar la ira
  6. Superar el orgullo y el egoísmo
  7. Superar la envidia
  8. Autocontrol y templanza
  9. Humildad
  10. ¡Tú puedes cambiar!
  11. Conclusión

Superar el estrés y la preocupación

Quieres tener éxito, pero estás estresado por ello. Quieres hacer un buen trabajo, pero hay tantas cosas en tu plato que no sabes por dónde empezar. Quieres ser feliz y estar sano, pero parece que todas las mañanas empiezan con el despertador sonando y luego te apresuras a intentar averiguar qué tienes que hacer a continuación.

¿Qué debemos hacer? ¿Qué deberíamos empezar a hacer de forma diferente? ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestra vida avanza en la dirección correcta? Las respuestas son: aprender a relajarse; aprender a no preocuparse tanto; ¡confiar en Dios para todo lo demás!

El estrés proviene de situaciones externas, de presiones externas como los plazos o las preocupaciones financieras o los problemas de pareja. La preocupación proviene de emociones internas de miedo o ansiedad por esas mismas cosas (u otros problemas imaginados).

Superar el miedo

El miedo es una emoción humana normal, y puede ser algo bueno. Dios quiere que seamos conscientes del peligro y respondamos adecuadamente. El miedo nos ayuda a evitar el peligro.

Por ejemplo, cuando ves una serpiente en la carretera delante de tu coche, instintivamente pisas los frenos porque el miedo te dice que si no detienes tu coche inmediatamente, algo malo ocurrirá.

Sin embargo, el miedo no siempre es malo; a veces nos impide hacer cosas estúpidas, como conducir con el cinturón de seguridad desabrochado o hacer un nuevo amigo que en realidad es un agente de policía encubierto que se hace pasar por otra persona para poder atrapar a los delincuentes.

Superar la adicción

La adicción es una enfermedad muy poderosa. Puede afectar a cualquier persona, a cualquier edad y de cualquier origen. Es más que gustar de algo, es volverse dependiente de ello para sentirse bien con uno mismo. Por ejemplo: Si eres adicto al pastel de chocolate, cuando comes el pastel tus niveles de dopamina aumentan y tu autoestima sube.

Entonces tienes más posibilidades de comer más tarta de chocolate porque hace que tus niveles de dopamina vuelvan a subir, lo que te da una gran sensación de autoestima. ¿Pero qué ocurre si no hay más tarta de chocolate? Te encontrarás deprimido porque ya no hay dopamina en tu cerebro, lo que significa que ahora todos esos malos sentimientos vuelven a surgir, como la tristeza o la soledad, etc.

Así que si alguien fuera un adicto al alcohol se sentiría deprimido sin su bebida porque esto significaría que sus niveles de serotonina caen, lo que hace que se enfaden o se frustren y se emborrachen de nuevo. Este ciclo se repite una y otra vez hasta que la persona muere de intoxicación por alcohol porque todas esas sustancias químicas se han acumulado en su cuerpo durante años.

Superar la amargura y el resentimiento

Ahora que has aplicado los principios del perdón, es el momento de pasar a un reto aún más difícil: superar el rencor y el resentimiento.

Esta es una parte vital del crecimiento espiritual, porque la amargura puede filtrarse en todas las áreas de nuestra vida. Afecta a las relaciones con los amigos y los miembros de la familia; afecta a la forma en que interactuamos con nuestros compañeros de trabajo; y afecta a la forma en que pasamos el tiempo a solas en la oración o la meditación, donde podríamos crecer espiritualmente. Si tienes problemas con la amargura, aquí tienes cuatro sugerencias para superar este problema:

Superar la ira

  • La ira es una emoción normal. No es algo malo de lo que debas avergonzarte.
  • El miedo es una emoción secundaria, lo que significa que es el resultado de la forma en que interpretas tus circunstancias más que de las circunstancias reales en sí. Si alguien te gritara o se burlara de ti, el miedo podría ser tu reacción si te amenazara con pegarte o patearte en represalia, lo haga o no.
  • El miedo puede ser una respuesta a factores desencadenantes: cosas que nos recuerdan traumas pasados, como ruidos fuertes o lugares oscuros; personas que fueron malas con nosotros anteriormente; estar cerca de ciertos familiares por los que sentimos resentimiento (o culpa).

El miedo también puede desencadenarse por amenazas percibidas, como perder un trabajo importante, ser despedido del trabajo porque otra persona me amenazó con "delatarme" en el trabajo si no hacía lo que quería que hiciera (lo que habría causado a mi mujer y a mis hijos dificultades económicas, ya que ella trabaja a tiempo completo mientras cría sola a nuestros hijos), etc., etc.

Estos son sólo algunos ejemplos de entre muchas posibilidades, pero espero que nos den una idea suficiente de por qué podemos sentirnos ansiosos aunque no haya ningún peligro real en este momento.

Superar el orgullo y el egoísmo

En la primera parte de este estudio, aprendimos que el orgullo es lo opuesto a la humildad. El orgullo es una actitud interna de auto-admiración o egocentrismo que nos aleja de Dios y nos lleva al egoísmo.

El orgullo también puede ser llamado una falta de amor; es una incapacidad de ver a otros como mejores que nosotros mismos. No da gloria a Dios cuando nos jactamos de nuestras propias habilidades o logros, en lugar de darle a Él la gloria por ellos (ver Lucas 18:10). Este tipo de jactancia orgullosa también nos hace ciegos a nuestros propios defectos y pecados (Romanos 3:23).

Este tipo de pensamiento orgulloso nos aleja del autocontrol (Gálatas 5:22) porque nos hace creer que no somos dignos a menos que otra persona afirme nuestra valía. Por lo tanto, haremos todo lo que sea necesario para obtener esta afirmación, ¡incluso si esto significa herir a alguien más en el camino!

Paradójicamente, aquellos que han caído en el pecado debido a su orgullo, a menudo se enojan después de ser confrontados por sus acciones, porque no quieren que nadie les diga que lo que hicieron estuvo mal. Quieren que todos los demás a su alrededor sean tan pecadores como ellos... y si ellos mismos no encajan en esta categoría, ¡entonces debe haber algo malo en ellos también!

Superar la envidia

En esta sección aprenderemos cómo superar la envidia. La envidia es un pecado muy común que se puede superar fácilmente. La mejor manera de superar la envidia no es comparándose con los demás, sino mirándose a sí mismo y dándose cuenta de sus propias debilidades y áreas de mejora.

También debemos recordar que cada persona tiene diferentes dones y talentos, así que no envidies lo que otros tienen o lo que están haciendo. Si se elogia a otra persona por sus logros o realizaciones, no os comparéis con ella porque no tenéis ni idea de las luchas que puede haber pasado para llegar a donde está.

Autocontrol y templanza

La palabra templanza se utiliza a menudo como sinónimo de autocontrol, aunque en realidad se refiere a ser capaz de controlar tus pasiones y deseos. Esto puede parecer una definición extraña a primera vista, pero considera que tienes muchos tipos diferentes de deseos: hambre, sed, deseo sexual y más.

La capacidad de controlar estas pasiones comienza con el control del apetito -el deseo de comer o beber- y asciende por los demás sentidos hasta llegar al más básico de nuestros impulsos: la necesidad de aire. De este modo, la templanza puede verse como una base sobre la que se construyen otras virtudes; sin ella no seríamos capaces de concentrarnos en ningún objetivo el tiempo suficiente para alcanzar el éxito.

El autocontrol también nos ayuda a evitar los excesos en todos los ámbitos de la vida, como comer demasiado o beber demasiado alcohol; tener un exceso de ira hacia los demás; utilizar un lenguaje soez; mentir o cotillear sobre las personas a sus espaldas, etc. En resumen, el autocontrol nos permite (o debería permitirnos) vivir según las normas bíblicas y no según nuestras propias inclinaciones

Humildad

La segunda cualidad de una persona espiritual es la humildad. La Biblia dice, en Santiago 4:6, "Dios se opone a los soberbios, pero da gracia a los humildes". La humildad es ser enseñable, estar dispuesto a aprender y recibir instrucción de los demás. Humildad es estar dispuesto a admitir tus errores y faltas, aunque te cueste verlos.

La humildad significa ser honesto con uno mismo sobre lo que no se sabe y estar abierto a aprender más a través de la lectura o escuchando a otros que pueden enseñarnos algo nuevo sobre Dios, sobre nosotros mismos o incluso sobre la vida en general. También significa no pensar demasiado en nosotros mismos, sabiendo que sólo somos seres humanos ordinarios que necesitan a Dios más que cualquier otra cosa.

Por último -y lo más importante-, la humildad no significa que debamos dejar de esforzarnos por alcanzar la excelencia; al contrario: nos ayuda a darnos cuenta de que la verdadera grandeza proviene de centrarnos en ayudar a los demás en lugar de ganar una competición impulsada por el ego contra otras personas (o incluso contra nosotros mismos).

¡Tú puedes cambiar!

La Biblia está llena de historias de personas que han cambiado sus vidas, y la voluntad de Dios para ti es la misma: ¡Tú puedes cambiar! Puedes cambiar tus hábitos y tus pensamientos, tus comportamientos y tu actitud, incluso tu perspectiva. La clave es recordar que debemos pedirle ayuda a Dios, y luego actuar según su respuesta a través de la oración y la acción.

Conclusión

La formación espiritual es un viaje que dura toda la vida, y una de las mejores maneras de empezar tu formación espiritual es con un estudio bíblico. Este artículo le ha dado algunos de los mejores estudios bíblicos disponibles, pero hay muchos más por ahí. Espero que te hayan servido de ayuda para buscar la guía de Dios en tu vida.

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