¿Qué significa que "ningún arma formada contra ti prosperará" (Isaías 54:17)?

Respuesta

En Isaías 54:11-17, el profeta Isaías transmite un mensaje de Dios sobre la restauración de Jerusalén tras su destrucción por los babilonios. El pueblo quedaría sumido en el caos y la confusión, pero el Señor promete un día futuro en el que la ciudad será más gloriosa que nunca. El pueblo de Dios regresará a su tierra y vivirá en ella sin temor a una mayor devastación: "'Ninguna arma formada contra ti prosperará, Y toda lengua que se levante contra ti en juicio la condenarás. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justicia viene de mí, dice el Señor" (versículo 17, RVR).

Al decir que "ninguna arma formada contra ti prosperará", Dios promete al pueblo de Jerusalén que ningún enemigo podrá producir armas exitosas contra él. La palabra prosperar aquí significa "tener éxito" El verso anterior da el contexto: "Mira, fui yo quien creó al herrero que arroja las brasas a la llama y forja un arma adecuada para su trabajo. Y fui yo quien creó al destructor para causar la destrucción" (Isaías 54:16). En otras palabras, Dios está al mando. Él creó al que crea las armas, y hará que las armas que esgrimen los enemigos de Israel sean ineficaces contra ellos. Esta promesa se cumplirá en el reino milenario de Cristo (véase Isaías 51).

La promesa a Israel se aplica a menudo a los hijos de Dios hoy en día, cuando nos enfrentamos a los enemigos espirituales. No importa lo que el diablo nos lance, al final fracasará porque Dios es el soberano de nuestro destino. Nos da el escudo de la fe, "con el que podréis apagar todas las flechas incendiarias del maligno" (Efesios 6:16). Las frases de la Traducción de la Buena Noticia Isaías 54:17 como ésta: "'Pero ningún arma podrá dañarte; tendrás respuesta para todo el que te acuse. Defenderé a mis siervos y les daré la victoria' El Señor ha hablado"

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El tema principal que el Señor quiere comunicar en este pasaje es que Dios es nuestra salvación. Incluso cuando nos suceden cosas malas -cuando nos sentimos derrotados y aplastados por nuestros enemigos- podemos confiar y no tener miedo: "Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, siempre dispuesto a ayudarnos en los momentos difíciles. Por eso no temeremos, aunque la tierra se agite y los montes caigan en las profundidades del océano; aunque los mares rujan y se enfurezcan, y las colinas se agiten con violencia" (Salmo 46:1-3, GNB). Aunque nuestras ciudades estén en ruinas, una enfermedad mortal haga estragos en el mundo, la economía fracase y perdamos nuestros puestos de trabajo, el Señor Todopoderoso está con nosotros y nos salvará: "Dios está en esa ciudad, y nunca será destruida; al amanecer vendrá en su ayuda. Las naciones están aterrorizadas, los reinos son sacudidos; Dios truena y la tierra se disuelve. El Señor Todopoderoso está con nosotros; el Dios de Jacob es nuestro refugio" (Salmo 46:5-7, GNB).

Un arma es cualquier cosa diseñada para infligir daño. En 2 Corintios 10:4, el apóstol Pablo nos dice que se nos han dado herramientas para luchar contra nuestro enemigo, pero nuestras armas no son armas ordinarias: "Las armas con las que luchamos no son las armas del mundo. A menudo, el enemigo nos ataca con fortalezas espirituales de confusión, depresión, ira, ansiedad, miedo, tentación y soledad. Pero el Señor nos ha dado Su Palabra como espada y la fe como escudo (Proverbios 30:5; Hebreos 4:12), y tenemos Su armadura espiritual para protegernos (Efesios 6:10-18).

Dios está al mando. Controla tanto a los que fabrican las armas como a los que las utilizan. La batalla no es nuestra, sino del Señor (2 Crónicas 20:15; 1 Samuel 17:47). Ya ha ganado el concurso. Por medio de Jesucristo, Él ha derrotado al enemigo final, que es la muerte, y ha comprado para nosotros la vida eterna (2 Timoteo 1:10; véase también Isaías 25:8; Hebreos 2:14; Apocalipsis 1:18). El Señor protegerá y defenderá a sus hijos sin importar lo que tengamos que afrontar, y nos ayudará hasta la victoria final (Isaías 41:10). Como pueblo de Dios, podemos confiar en el triunfo final del Señor sobre todo enemigo. En la época de Isaías, como en toda la historia, y en el futuro en su sentido más amplio, todo hijo de Dios puede decir: "¡Ninguna arma formada contra mí prosperará!

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