¿Qué dice la Biblia sobre el poder de las palabras?

Respuesta

Las palabras no son simples sonidos provocados por nuestra boca que dan forma al aire que pasa por nuestra laringe. Las palabras tienen un poder real. Dios hizo existir el mundo con el poder de sus palabras (Hebreos 11:3). Los humanos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, y nuestras palabras también tienen poder. Para ser claros, las palabras humanas no tienen el poder de manifestar la realidad. Pero nuestras palabras no sólo transmiten información, sino que impactan en las personas. El poder de nuestras palabras puede abrumar el espíritu de una persona, e incluso suscitar odio y violencia. Las palabras pueden exacerbar las heridas e infligirlas directamente. Por otra parte, las palabras pueden acumularse y dar vida (Proverbios 18:21; Efesios 4:29; Romanos 10:14-15). De todas las criaturas de este planeta, sólo los humanos tienen la capacidad de comunicarse mediante la palabra hablada. El poder de utilizar las palabras es un don único y poderoso de Dios.

Nuestras palabras tienen el poder de destruir y el poder de construir (Proverbios 12:6). El escritor de los Proverbios nos dice: "La lengua tiene poder de vida y de muerte, y los que la aman comerán su fruto" (Proverbios 18:21). ¿Utilizamos las palabras para edificar a las personas o para destruirlas? ¿Están llenos de odio o de amor, de amargura o de bendición, de quejas o de alabanzas, de lujuria o de amor, de victoria o de derrota? Las palabras son herramientas que pueden mejorar la vida, pero cualquier herramienta puede ser mal utilizada.

Las palabras son tan importantes que daremos cuenta de lo que decimos cuando estemos ante el Señor Jesucristo. Jesús dijo: "Pero yo os digo que los hombres tendrán que dar cuenta en el día del juicio de toda palabra descuidada que hayan dicho. Porque por tus palabras serás absuelto, y por tus palabras serás condenado" (Mateo 12:36-37).

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El apóstol Pablo escribió: "No dejes salir de tu boca ninguna palabra inútil, sino sólo lo que sea útil para edificar a los demás según sus necesidades, a fin de que beneficie a los que escuchan" (Efesios 4:29). La palabra griega traducida como "insalubre" significa "podrido" o "sucio" y originalmente se refiere a la fruta y las verduras podridas. El humor vulgar, los chistes verdes y el lenguaje soez no tienen cabida en la vida de un cristiano. En cambio, nuestro discurso debe caracterizarse por "sólo lo que es útil para edificar a los demás según sus necesidades, para que beneficie a los que escuchan" (cf. Colosenses 3:16; 4:6). Útil, edificante, que satisfaga las necesidades y que sea beneficioso: estos son nuestros objetivos descriptivos para las palabras que utilizamos.

Existe un notable paralelismo entre Efesios 4:25, la mentira; Efesios 4:28, el robo; y Efesios 4:29, la conversación malsana. En cada caso, Pablo nos pide que seamos una bendición para aquellos con los que tenemos contacto diario. En lugar de mentir, debemos decir la verdad; en lugar de robar, debemos hacer un trabajo honesto; en lugar de corromper con nuestra palabra, debemos edificar. Todo pecado debe ser sustituido por algo sano. Como seguidores de Cristo, debemos imitar el ejemplo de Jesús, cuyas palabras estaban tan llenas de gracia que las multitudes se asombraban (Lucas 4:22).

Jesús nos recuerda que las palabras que pronunciamos son en realidad el desbordamiento de nuestro corazón (Mateo 12:34-35). Cuando nos convertimos en cristianos, existe la expectativa de que se produzca un cambio en la forma de hablar, porque vivir para Cristo marca la diferencia en la elección de las palabras. La boca del pecador está "llena de maldiciones y de amargura" (Romanos 3:14); pero cuando entregamos nuestra vida a Cristo, confesamos con gusto que "Jesús es el Señor" (Romanos 10:9-10). La boca del pecador condenado se silencia ante el trono de Dios (Romanos 3:19), pero la boca del creyente se abre para alabar y glorificar a Dios (Romanos 15:6).

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Los cristianos son aquellos cuyos corazones han sido cambiados por el poder de Dios, un cambio que se refleja en nuestras palabras. Recuerda que, antes de ser salvados, estábamos espiritualmente muertos (Efesios 2:1-3). Pablo describe a los que están muertos en el pecado: "Sus gargantas son tumbas abiertas" (Romanos 3:13). Nuestras palabras están llenas de bendición cuando nuestros corazones están llenos de bendición. Por lo tanto, si llenamos nuestro corazón con el amor de Cristo, sólo la verdad y la pureza pueden salir de nuestra boca.

Pedro nos dice: "Separad en vuestros corazones a Cristo como Señor. Estate siempre dispuesto a dar una respuesta a todos los que te pidan que des la razón de la esperanza que tienes. Pero hazlo con dulzura y respeto" (1 Pedro 3:15). Que el poder de nuestras palabras sea utilizado por Dios para manifestar el poder de nuestra fe. Estar preparados para dar la razón por la que amamos al Señor, en cualquier momento, a cualquier persona. Nuestras palabras deben demostrar el poder de la gracia de Dios y la morada del Espíritu Santo en nuestras vidas. Que Dios nos permita utilizar nuestras palabras como instrumento de su amor y gracia salvadora.

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