¿Porque no debemos nada a nadie, salvo amarnos unos a otros (Romanos 13:8)?

Respuesta

En Romanos 13:8, Pablo dice que "no debemos nada a nadie, sino amarnos unos a otros". Luego dice que "quien ama a los demás ha cumplido la ley" (versículo 8) y que todos los mandamientos del Antiguo Testamento se resumen en el único mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo (versículo 9). En otras palabras, los creyentes cumplen los mandamientos de Dios tratando a los demás con respeto y amándose unos a otros.

En el contexto inmediato, Pablo ordena al cristiano que "no deje ninguna deuda pendiente" (Romanos 13:8). El cristiano debe pagar todas sus obligaciones, ya sean impuestos, deudas o cualquier otra cosa. El apóstol continúa diciendo que la única deuda que debe tener un cristiano es la de amarse unos a otros. Esa deuda universal no se acaba nunca. Es el único que nunca podrá pagar o reembolsar completamente. Debemos amar siempre no sólo a nuestros compañeros cristianos, sino a todas las personas que Dios ha creado.

En Mateo 22:34-40, Jesús enseñó que amarse los unos a los otros era el mandamiento más importante que había que obedecer. En este pasaje, Jesús es abordado por los fariseos que pretendían ponerle a prueba con una pregunta difícil. Uno de los fariseos, experto en la ley, preguntó a Jesús: "¿Cuál es el mayor mandamiento de la Ley? Jesús responde citando el Deuteronomio 6:5 y el Levítico 19:18, que ordenaban a los israelitas amar a Dios por encima de todo y amar al prójimo como a sí mismos. Así que tanto Jesús como Pablo enseñan que lo más importante que puede hacer un creyente es amar a Dios y amarse los unos a los otros.

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No debemos nada a nadie, salvo amarnos unos a otros, porque esto es lo que Dios ha elegido hacer por nosotros. Eligió no juzgarnos ni castigarnos por nuestros pecados. En cambio, eligió amarnos sacrificando a Su Hijo, Jesús, en la cruz para pagar por nuestros pecados. Debido a este sacrificio, estamos en deuda para siempre con Dios, y pagamos esa deuda amándole y amándose unos a otros.

No deber nada a nadie, excepto el amor, puede ser un mandato difícil y desafiante para vivir como creyente. Podemos ser escrupulosos en el cumplimiento de nuestras obligaciones, en el pago de las deudas y en dar a cada persona lo que le corresponde. Pero pagar el amor que debemos es más difícil; a menudo parece que nos falta la moneda del amor. Nos frustramos unos con otros, estamos en desacuerdo o simplemente no nos gusta estar cerca de los demás. Sin embargo, en Juan 13:35, Jesús dice que el mundo "sabrá que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros" (véase también Juan 17:25-26). Cuando elegimos mirar más allá de nuestros retos interpersonales y nos centramos en amarnos los unos a los otros, mostramos la marca de los discípulos y en realidad estamos mostrando al mundo cómo es el amor de Dios.

Así que no debemos nada a nadie, excepto el amor, porque el amor es el mayor mandamiento. Cumple la ley y muestra al mundo quién es Dios.

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