¿Por qué preguntó Jesús a sus discípulos: "¿Quién decís que soy yo?

Respuesta

Jesús hizo muchas preguntas. La pregunta era una de sus herramientas pedagógicas favoritas. Una de las preguntas que Jesús hizo a sus discípulos fue "¿Quién decís que soy yo?" (Lucas 9:20). Esta pregunta dio una respuesta que es instructiva para todos nosotros.

El contexto de la pregunta de Jesús "¿Quién decís que soy yo?" es importante: "Una vez, estando Jesús orando en privado y estando sus discípulos con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?

"Ellos respondieron: 'Algunos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que uno de los profetas de antaño ha vuelto a la vida'

"'Pero, ¿y tú?', preguntó. ¿Quién dices que soy?

"Pedro respondió: "El Mesías de Dios"" (Lucas 9:18-20). Se encuentran relatos paralelos en Mateo 16 y Marcos 8.

Mateo relata que Pedro hizo algo más que identificar a Jesús como el Cristo; también proclamó la naturaleza divina de Jesús: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mateo 16:16).

La pregunta de Jesús "¿Quién decís que soy yo?" no era una señal de ignorancia; Él lo sabía todo, incluso lo que estaba en la mente de los discípulos. Tampoco la pregunta estaba motivada por algún tipo de presunción o vanidad; Jesús no se preciaba, y no tenía ningún deseo de pescar alabanzas. Más bien, Su pregunta pretendía provocar a los discípulos para que consideraran su nivel de fe. Los resultados inmediatos de Su pregunta dejan claro por qué les preguntó lo que hizo.

Jesús comenzó la conversación haciendo una pregunta relacionada: "¿Quién dicen las multitudes que soy yo?" (Lucas 9:18). En respuesta, los discípulos informaron de las diversas cosas que habían oído: las opiniones incluían a varios personajes que volvían a la vida, lo que indicaba que las multitudes veían a Jesús como alguien especial. Pero los presentimientos de la multitud estaban equivocados. Así que Jesús dirige la pregunta a los propios discípulos: "¿Quién decís que soy?" En otras palabras, ¿estás siguiendo a la multitud? ¿Mantienes la sabiduría convencional sobre mí? ¿O tienes otra respuesta más perspicaz? ¿Qué piensas realmente?

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Entonces habla Pedro. En respuesta a la pregunta, Pedro declara su creencia de que Jesús era el Mesías largamente esperado y, más que eso, el Hijo de Dios. Para entonces, los discípulos habían visto muchos milagros, como la resurrección del hijo de una viuda en Naín, el apaciguamiento de una tormenta, la expulsión de muchos demonios de un hombre de los gerasenos y la alimentación de 5.000 personas. Los discípulos sabían que Jesús era más que un profeta; era absolutamente único; era, de hecho, Dios en la carne.

En respuesta a la afirmación de Pedro, Jesús expresa la bendición de su fe: "Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te ha sido revelado por la carne y la sangre, sino por mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16,17). Dios, en su gracia, había abierto los ojos de los discípulos para que vieran a Jesús como realmente era.

Entonces Jesús hace la pregunta "¿Quién decís que soy yo?" y recibe la respuesta correcta (divinamente inspirada) de Pedro. Esto marca un punto de inflexión en el ministerio de enseñanza de Jesús con sus discípulos. A partir de entonces, el Señor da a sus discípulos información adicional, por muy chocante que sea para ellos: "Desde aquel momento, Jesús empezó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y padecer muchas cosas a manos de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los maestros de la ley, y que debía ser muerto y al tercer día resucitar" (Mateo 16,21).

Jesús se había abstenido de hablar a sus discípulos de su muerte y resurrección hasta que hubieran alcanzado un hito importante: que su fe hubiera crecido hasta el punto de poder expresar su convicción de que Jesús era el Hijo de Dios. El modo en que los discípulos trataran la información adicional de la muerte de Jesús dependería de quién creyeran que era Jesús. Sabiendo que es el Hijo de Dios, deberían ser capaces de confiar en Él, hasta el punto de aceptar su muerte (y resurrección) sin inmutarse.

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Desgraciadamente, los discípulos tuvieron dificultades para procesar lo que Jesús les decía ahora, como lo demuestra la respuesta de Pedro (Mateo 16:22-23). Aunque tenían fe en Jesús como Hijo divino de Dios, los discípulos se confundieron con la predicción de la muerte y resurrección de Jesús (véase Marcos 9:32).

La pregunta de Jesús "¿Quién decís que soy yo?" es un buen ejemplo de uno de sus métodos de enseñanza. Plantear una pregunta exige compromiso, fomenta la reflexión y atrae una respuesta reflexiva. La pregunta de Jesús y su posterior enseñanza también ilustran la naturaleza progresiva de la revelación de Dios y nuestra necesidad de crecer en la fe. A lo largo de la historia, Dios ha revelado su mensaje gradualmente, comenzando en el Génesis y continuando hasta el cierre del canon. No ha revelado más de lo que la humanidad necesitaba o era capaz de recibir en un momento dado. Además, el retraso de Jesús en introducir el tema de su muerte y resurrección sugiere que la fe de los discípulos necesitaba madurar hasta el punto de poder escuchar y comprender. Todos estamos llamados a crecer en nuestra fe. Siempre hay más que conocer de Cristo. "Por tanto, vayamos más allá de las enseñanzas elementales sobre Cristo y lleguemos a la madurez" (Hebreos 6:1).

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