¿Deben los cristianos tratar de imponer el reino a los demás?

Respuesta

Como antecedente de un debate sobre un reino cristiano, lee nuestro artículo sobre el reconstruccionismo cristiano, una enseñanza estrechamente relacionada con la teología del dominio y la teonomía. Esta línea de interpretación teológica afirma que el cristianismo bíblico gobernará todos los ámbitos de la sociedad, personales y corporativos, y que el objetivo de los cristianos es crear un reino mundial que siga el modelo de los aspectos morales de la Ley mosaica. Los que sostienen este punto de vista creen que Cristo no volverá a la tierra hasta que se haya establecido dicho reino cristiano.

El objetivo principal de la teología del dominio y la reconstrucción cristianas es establecer un reino cristiano literal. Cuando se establezca el reino cristiano, los creyentes tendrán el dominio político y religioso de todo el mundo. Los dirigentes del reino cristiano pondrán en práctica las leyes morales del Antiguo Testamento y aplicarán los respectivos castigos por las violaciones de esa ley. (Las leyes de los sacrificios y las ceremonias no formarán parte del reino cristiano, pues éstas se cumplieron en Cristo). El reino cristiano no será un sistema de gobierno secular regido por la iglesia, pues será un gobierno según la ley de Dios.

La Biblia no nos aconseja que tratemos de establecer un reino cristiano físico. Dios tenía un plan así para Israel cuando se apoderó de la Tierra Prometida, pero en la época del Nuevo Testamento, nunca llamó a su pueblo a establecer un reino político gobernado por sus leyes, órdenes y estatutos. Jesús dijo claramente que Su reino no es de este mundo y, a diferencia de los seguidores de los líderes políticos del mundo, Sus seguidores no utilizan la fuerza para establecer el reino (Juan 18:36).

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La misión de los cristianos no es tratar de dominar el mundo y establecer un reino cristiano, sino compartir el evangelio de la salvación con todo el mundo (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8). Cuando las personas se salvan, el Espíritu Santo comenzará su obra en ellas, cambiando sus vidas para que se ajusten a la Palabra de Dios (Filipenses 1:6; 1 Tesalonicenses 2:13). Cuando el evangelio se extiende, la sociedad cambia, un corazón y una vida a la vez.

Los intentos de cambiar las sociedades y las culturas sin querer siempre fracasan. El mero hecho de tomar el control del proceso político o de establecer leyes morales no afectará al cambio en los corazones de las personas. El cristianismo no puede imponerse a las personas, y el reino cristiano no es un concepto bíblico. Cambiar a las personas de dentro a fuera es obra de Dios a través de su Espíritu Santo. Dios está más interesado en salvar las almas de las personas que en obligarlas a obedecer sus leyes. Si una persona no salva se ve obligada a obedecer la ley de Dios, lo hará por miedo y por obligación. Dios quiere que la persona llegue al arrepentimiento (2 Pedro 3:9) y que luego obedezca Sus mandatos por reverencia y amor (1 Juan 5:3).

Dios no nos ha llamado para imponer Sus mandatos a un mundo irredento. No podemos obligar a la gente a entrar en el reino cristiano. Más bien, nos ha llamado a proclamar el mensaje de salvación: el poder redentor y el mensaje que cambia la vida de la muerte de Jesús en la cruz y de Su resurrección (Romanos 10:9-11).

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